lunes, 15 de abril de 2019

PAISAJE DEL CAMINANTE




PAISAJE DE CAMINANTE

Las flores violetas
no dudaron en liberarse
atravesaron las rejas
sin pedir permiso
para mostrar al mundo
su candor, color y belleza.

 Mientras camino bajo los aleros
los rayos del sol son los primeros
en derretir el rocío fresco
que se desliza por las curvas
de los techos sin canaletas
bañando la acera abierta
y a los descuidados transeúntes
hasta que se despierta el viento
para secar la tierra y las veredas.

                                          Malania

sábado, 13 de abril de 2019

FIESTA SILENCIOSA








La noche se tambalea
entre palabras cantarinas
que crujen bajo la alfombra
de hojas otoñales paladinas.
A los colores se los ha comido el sol
con sus hilos de luz y calor.
De pronto me invade la necesidad
de cobijarme en tus brazos.
 Es como la lluvia mansa
nadie puede impedirlo
ni el amanecer ni el ocaso,
el viento de antaño
ni el camino de espinas,
tampoco el falso eco de tu vida.
Eres único
en esta fiesta silenciosa
de ríos encendidos
imposible de olvidar
con bordes de retamas
en penumbras extraviadas
de humedades en cumbres
bajo mis blancas sábanas.
                                 Malania
Imagen de la red.

martes, 2 de abril de 2019

SOÑAR DE SOÑADORES



Yerguen las ideas
bajo el fresco rocío
desveladas por la música
que inunda la oscuridad
en noches de estío.
Ocultando las palabras
que callan con desvarío
por temor a sucumbir
en aguas cristalinas
del espejado río.
 La dura soledad
en penumbrosa vigilia
aguarda el renacer
de un poema de amor
repleto de cariño.

                                                     Malania.
Fotografía: Lua  T.                                                                                                         

martes, 19 de marzo de 2019

NO LO PUEDO DECIR



   A través del tiempo me he dado cuenta que las mejores postales que nos ofrece la naturaleza son efímeras. Además, no se da nunca una igual a otra. Son espectáculos, que quienes los apreciamos, nos sorprendemos de ellos y si no aprovechamos el momento justo, nos lo perdemos para siempre.
Esto ya lo he dicho en otra ocasión. Pero la de hoy, en mi recorrido de las 7 de la mañana, fue particular porque estuvo presente un fenómeno natural poco visto en esta zona, la neblina. Más de una hora percibiendo aromas diferentes. Cubiertos de rocío el césped, las plantas, las flores y los frutos. El pasto recién cortado, otros altos hasta mis flacos tobillos. La lluvia arrastró tierra suelta que encontró al paso, por cauces de arroyitos inventados por el abundante caudal de agua caída. La tierra no pidió permiso y se depositó en senderos de cemento aptos para las caminatas en el bulevar de la avenida. Hay que esquivar el barro para no resbalar y es ahí donde mis pies aplastan el pasto humedeciendo mis zapatillas grises. La altura mediana de los árboles de ese tramo, ofrecen el perfume de las flores silvestres. Una vez que cambio el rumbo y enfilo mi regreso a casa, otro es el espectáculo. Las guayabas y su alfombra, quedaron atrás, así como las paltas, los mangos, y otras frutas de estación. Ahora tengo que esquivar las espinas de los rosales que sobresalen de las verjas. Muy orondas se mecen al compás del viento perfumando las veredas con sus ramilletes blancos, rosados y lilas. Los que más abundan son los blancos que tienen un aroma inigualable. No son iguales a las rosas que venden en las floriculturas que parecieran ser de plástico. Estas son nacidas en tierra fértil y se bañan de rocío al alba y al ocaso, o en noches calmas, casi en todas las estaciones del año. Quizás por eso conservan el perfume original a rosas frescas.
A todo esto, tengo que sumar el canto de los pájaros: mirlos, gorriones, loros, algún extraviado zorzal y el papagayo de mi vecina que me saluda al pasar. Si no lo saludo me silba y se pega una carcajada.  
Vuelvo a casa renovada después del incomparable espectáculo natural.
Una ducha, unos mates con hierbas aromáticas y así, de este modo, no puedo decir que no soy feliz.
                                                                                                                              Malania

domingo, 17 de marzo de 2019

METEORO






Mis pensamientos son preciosos
más de lo que puedas imaginar.
No busco compasión
ni tampoco me compadezco
porque eso es de mediocres.
Pero hoy el aire me envuelve
como un meteoro
y un impulso me hace hablarte:
No te quedes
anclado en la tormenta
viendo como juega el agua.
No deambules
por las alcantarillas de la vida
esquivando charcos y adoquines sueltos.
Ven
y convertiremos los relámpagos
en juegos de amor y pasión
en noches oscuras y humedecidas
por el vapor de nuestros cuerpos.
Aunque se arrugue la piel
y la cavidad de la hoguera aumente.
Deshilachemos frases
para inventar nuevas poesías
con la inspiración puesta
en tu piel y mi piel
esa que permanece ansiosa
por abrazar tus besos en lenguas de lluvia.
Que los pájaros eleven su trino
y los gatos azules reclamen silencio
para descansar un día de domingo
mientras las mariposas del amor
remueven nuestras células
sin prestar atención
en qué día estamos.
                                            Malania.
Imagen de la red

miércoles, 13 de marzo de 2019

SIN COMPASIÓN



Susurraban los árboles en la noche.
Quién sabe qué se decían
las hojas al rozarse,
mientras el sueño sin sueño de las gaviotas
era tan pesado como bolsas de plomo.
Yo esperaba con mucha ilusión
tus cartas tempraneras.
Hoy ya no sé si las espero
porque a un cerrado corazón
no se le ve el centro
ni el sentir de palabras para mí.
A pesar de todo escribo
a veces con sentido amoroso
a la luz de la luna
otras veces
escribo cosas triviales
bajo el cielo velado por ligera bruma.
Impelida por alguna orden
misteriosa y perdida
en el interior de mi cerebro
para no decir directamente
que aun espero y te quiero.
No quiero a nadie en mi cama
porque prefiero seguir recordando
el tacto sublime de tu piel en calma
de aquellos momentos vividos.


                                     Malania

viernes, 8 de marzo de 2019

EN REMOJO




   El alcohol no es mi amigo, alguna vez un sorbo de whisky, media copa de vino o una cerveza fueron mis aliados en compañía del ser querido. Pero en el cielo necesitaban a un humorista, alguien que tuviera alegría y buen humor permanente y los ángeles se lo llevaron. Digamos que fue así, pues pudo haber sido de otra manera.
Cuando sonó el timbre anunciando de que tenía una llamada telefónica yo dormía profundamente como si estuviese ebria o en otro mundo.  
Me encontraba en pleno sueño y mi cerebro, hinchado, como si lo hubiese puesto en remojo. Miré el reloj y marcaba las cuatro, de la tarde o de la mañana. ¿Cómo saberlo? Tampoco logré recordar en qué día de la semana y del mes estaba.  Entonces me levanté, corrí las cortinas y abrí las persianas. Descubrí un día nublado; era de tarde, apenas soplaba un aire húmedo, gris y no había ni un solo ruido; ni siquiera el loro se percató de que ya no era hora de siesta.  
Cuando levanté el tubo del teléfono, alguien se cansó y cortó.
                                                                                                                      Malania
Imagen de la red