| Lo que dice Elsa | |
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martes, 28 de julio de 2015
lunes, 27 de julio de 2015
ENTRE MISTERIO Y AMOR
Presumida o Jactanciosa, el
nombre no interesa. Se aproximó y le dijo:
- ¿Te conozco?, no, no sé
quién eres, ¿por qué te acojo con miel y creces? ¿Dónde vives? Tal vez en la
cima, quizás en un muelle o en una recova. ¿Dónde amaneces?
- No sé quién eres, si tienes
dueña. Igual te amo. ¿Es imprudente?¿Es ambagioso? Es acucioso.
Y mientras tanto construye
una montaña de semas rellena de besos de dulce de leche, cubierta de caricias melosas,
muy cremosas. Para que en día tan esperado, pueda regalarle todo, toda, inclinado,
parado, tumbado, ¿qué importa la
postura? Importa su ternura.
miércoles, 22 de julio de 2015
EN ALGÚN LUGAR
Junto a la serna invernal
una trébede acogió sus
latidos.
Descargó su pesada mochila
mientras los piratas
retumbaban aullidos
y allí parafraseó un hológrafo:
la era de flores perennes
la dedicó a sí mismo
a las colmenas y peyotes
lo demás
distribuyó al azar.
Clavó un espiche
ató un ronzal rojo
otro blanco y amarillo
señalizando sus huellas.
Un silbido reverberó
en el amuso pulido
en señal de libertad
para ingresar al limen.
Allí jaspeó y selló
su epopeya de cupido.
sábado, 18 de julio de 2015
Siempre
Despierto.
Pienso en ti.
Hoy quiero decirte
amor
vuela alto
goza de tu libertad
si es eso lo que deseas
navega por los ríos
recorre los mares
trepa las montañas
y desde la más blanca altura
gira tu mirada y
verás que aquí estoy
esperándote.
EN VUELO
Ella le enviaba
cartas de amor
Él, indiferente,
frecuentaba el
harén,
su escudo fue el
silencio
su cobija, un mar de dudas
navegante en
ausencia de palabras
no daba margen al amor.
Ella se volvió misterio
y asociada al
desencanto
se convirtió en
orfebre
de lagunas
estériles
lo vio volar a través
del horizonte
una y otra vez.
Pero un día cansado y agitado
se posó sobre su
árbol
ese que había
tallado
con ahínco y con
fervor.
Se encontraron
sus miradas
se estrecharon en
abrazos
titilaron sus
dedos entrelazados,
sus labios, sus
entrañas
se enardecieron, y
sin vacilar
se olvidaron del
mundo entero.
Cuando él
reaccionó
ella ya no
estaba.
Fija su mirada
en la lejanía
la vio revolotear
Como cimbra
parpadeante
¡Ven! resonó en
el aire
y de un salto se
elevó
allá fue
juntos, siempre
juntos
felices para
siempre.
viernes, 17 de julio de 2015
¿CUÁL ES SU NOMBRE?
¿Cuál es su nombre?
Era ella, estoy segura. Aquella dama de tez bronceada,
esbelta y larga cabellera de color azabache en que todos los días nos encontrábamos
camino al colegio. Siempre vestía con sencillez y pulcritud. Vivía con su
esposo y sus pequeños hijos. A él lo veía
algunas horas por la noche, cuando regresaba de la fábrica de calzados, de
lunes a viernes, o de su trabajo en la quinta los sábados. Los
domingos lo pasaban en familia, con los tradicionales almuerzos parrilleros, sobre
las brasas unos hierros con patas que él mismo había construido, y la carne con
grasa chirriante despertaba hasta al tardío madrugador o al más vegetariano de
la cuadra. El pan caliente amasado por la mujer
acompañaba el almuerzo. Fueron ocho los niños que nacieron, crecieron y jugaron en esa casa de patio grande,
frondosos árboles y bello jardín.
El tiempo comenzó a marcar surcos en el rostro de ambos progenitores y
un día ella recibió la peor noticia de su vida: para acortar distancia, el hombre tomó otro camino y fue
interceptado por maleantes que le quitaron el sueldo que había cobrado ese día dejándolo
tendido al costado del camino. La mujer
hizo lo imposible para salvarlo, hasta gastar todos sus ahorros. Pero los
golpes habían sido fatales y no logró sobrevivir. Ella continuó luchando para
dar lo mejor a sus hijos, ya que algunos todavía concurrían al colegio.
El calendario marcaba
el paso y uno a uno fue tomando vida
propia, algunos cerca, otros muy lejos, unos formaron su propia familia, otros
se dedicaron exclusivamente a trabajar, unos la llamaban de vez en cuando,
otros la visitaban y se interiorizaban
de sus necesidades y la ayudaban.
De a poco todo fue cambiando, las
visitas se espaciaron cada vez más, los malestares de salud no tardaron en
estar presente a diario, su lucidez iba perdiendo brillo. Y así fue que un día domingo, el tan esperado para compartir
con alguno de ellos, no salió el sol para ella. Ninguno de sus hijos fue a
visitarla, y así fueron sucediéndose los días, y ella, corroída por el
abandono, ya no tenía proyectos. Era ella, pero esta vez vestía una
pollera desteñida, una blusa amarillenta, y un delantal de cocina, y a decir del
vecindario, no se quitaba ni para ir a dormir. La observé caminando lentamente
hacia el pequeño corral, donde cacareaban
hambrientas cinco gallinas y un gallo.
Ayudada por su bastón de madera rústica, conservado como recuerdo de su padre, alcanzó
el bebedero y cambió el agua. Tiró un puñado de maíz hacia los cuatro vértices
como marcando una cruz en señal de bendición hacia esos seres no pensantes que
eran los que le servían de compañía además del perro, y vaya uno a saber, con
su pensamiento a quién más bendecía. Permaneció unos minutos observándolas una a
una, recogió un huevo del nido, un cajón de madera con colchón de paja, y como
midiendo los pasos se alejó para internarse nuevamente en su casa. Las paredes
mustias y humedecidas eran testigo de sus pensamientos y sus quehaceres. De vez
en cuando arrastraba su silla, la apoyaba sobre la pared del porche, y sentada
sobre un almohadón desteñido por los años, contaba los automóviles que cruzaban por la
avenida. Su perro dormía a su lado con las orejas erguidas en señal de atención
constante, por su dueña que nunca le hizo faltar agua ni comida. Las paredes exteriores daban fe que se habían
olvidado del olor a pintura, la tierra reseca de lo que un día fue jardín,
desconocía el colorido de las flores, nada era como cuando estaban juntos en
familia. El
día que Gitana ya no pudo más con la soledad, en ocasiones ni su nombre
recordaba, mirando a su amigo y guardián dijo: me siento bien, pero hoy él me
llamó ¿sabes?, me invitó a su morada eterna, me dijo que allá es muy lindo y
tranquilo, que hay muchas flores perfumadas, que no se siente hambre ni frío, y
me iré con él ¿sabes? No me extrañes, cuida la casa hasta que te vengan a
buscar. Cuando Gitana desapareció de este mundo, todos los hijos concurrieron
al lugar, decidieron hacer restaurar la casa,
la llenaron de flores, la hicieron tasar y la vendieron a un precio sobrevaluado
como para que cada uno tuviese una buena paga por la herencia. El perro se
alojó en casa de un viejo vecino.
miércoles, 15 de julio de 2015
FUE POR ESO
FUE POR ESO
-¿Por qué no legamos nuestros palmos?
Él la escuchó y comprendió que lo quería
fastidiar con la propuesta. Continuó su tarea junto al antro campestre, colocó
cipos y su obrar la molestó todavía más. Arrojó un terrón sobre las espaldas
del trabajador, quiso tullirlo, pero el hombre no se inmutó. Su isba iba
tomando forma, deseaba hacerla hermosa,
su mirada fija en el evo no le permitía error. Él, solo él conocía su
secreto. Ella, como un buque en lastre, alomaba con el único
propósito de incomodarlo, y en proclive los terrones no cesaban de circular por
el aire. Algunos iban lejos, otros caían
en la obra. Era tal su obsesión por truncar el objetivo de Lucio, que con
gritos y amenazas logró sacarlo de sí.
Lucio disparó hacia Lucía, la tomó en
sus brazos, la sentó sobre la carreta cubierta de espartillos, la sofocó con
besos y la paseó por el sendero al río, hasta dejarla dormida.
Lucía despertó,
después de varias primaveras, hundida en
el lecho, cubierta con sábanas de seda, en una alcoba de paredes lavanda, de la vivienda que Lucio logró acabar sin su
estúpida intromisión, vivienda que él había
prometido como ofrenda a esa mujer disparatada por la que sintió amor
inmensurable y nunca pudo hacerla suya. Él era etéreo. Cuando ella despertó,
Lucio se había evaporado.
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